“Mirando hacia adentro y hacia afuera y los lados” – Entrevista a Lautaro Ríos

Portada: Lautaro Ríos en el Teatro del Muelle de Puerto Madryn, en marzo de 2018. Fotografía por Federico Krowicki.

Inspiro, segundo disco solista de Lautaro Ríos, es un disco curioso. Cada una de las siete canciones que lo componen tiene una personalidad propia: algunas, como “Cuento Digital” o “Nafta Onírica”, son oscuras, ácidas; por el contrario, “Huella” y “Es Amor” son dulces, cálidas. A lo largo de los 50 minutos que dura la obra, se pueden escuchar elementos realmente memorables, como las métricas irregulares e hipnóticas en “Sobre el Mar”, el final desquiciado de “Amo(r)”, y los riffs agudos tan adictivos al comienzo de “La Ilusión de Fuego” (cuyos estribillos recuerdan a los de “Breaking The Girl” de los Chili Peppers). Hay variedad de timbres: violines, cellos, saxos, un clarinete, interludios electrónicos…  En definitiva, un manjar para quienes disfruten de discos como Going For The One de Yes, Songs From The Big Chair de Tears For Fears o Canción Animal de Soda Stereo.

Inspiro también es curioso por su disponibilidad: al momento de escribir estas palabras, lo único compartido públicamente por Lautaro es el primer sencillo en YouTube, y un video en Instagram -grabado durante un ensayo- de 25 segundos de esa maravilla de pop progresivo acústico (a falta de mejor término) que es “Sobre el Mar”. No hay CDs, vinilos, cassettes o diskettes del álbum: la versión “física” es un pack de ocho tarjetas con ilustraciones, poemas, créditos y una dirección de e-mail a la cual contactar al músico (quien responde con un enlace a una carpeta de Google Drive, desde donde descargar las canciones).

Por suerte, Inspiro va a ser publicado en todas las tiendas digitales antes de agosto de este año. Quizás éste sea otro ejemplo de los músicos independientes poniendo énfasis en la asistencia a conciertos. En cualquier caso, la música de este disco de verdad es preciosa, y muestra lo gigantes que son los pasos que viene dando su joven autor en materia de composición.

Lautaro Ríos nació en 1996 en Neuquén, se crió en Puerto Madryn, y actualmente reside y se desarrolla en Tandil. La música ha estado presente en la vida de Lautaro casi desde el comienzo: de pequeño, solía maravillarse escuchando CDs de la amplia y variada colección de su padre (quienes es actor y director teatral). No pasó mucho hasta que Lautaro comenzó a practicar sus primeros acordes y escalas en teclado y guitarra, y desde adolescente ha integrado junto a amigos grupos como Cuarta Dimensión (su primera banda), Éxodo Mental, Música Para Ascensor y Logia Lunar (proyecto solista). ¡Caramba: si fue Lautaro quien bautizó a Barbie Factory (grupo del que ocasionalmente ha formado parte)!

Inspiro sucede a Umbela, el primer disco solista de Lautaro. Grabado durante diciembre de 2015 y publicado tres meses después, Umbela es una colección de diez adorables e inteligentes canciones en las que se notan algunas de las influencias de Lautaro, como el rock nacional clásico (en “El Día Es Hoy”), el funk (“Roboshow”) y Coldplay (“Reinventar”). Naturalmente, acompañan en este disco otros jóvenes talentos madrynenses: Ian Alecio y Octavio Villella (dos compañeros de Música Para Ascensor) y el genial baterista Joaquín Cerbán.

El proceso creativo de Inspiro comenzó en marzo de 2017. Tras telonear a Raúl Porchetto en octubre de ese año, Lautaro continuó trabajando en las decisiones más finas del disco, como la instrumentación y los matices. Algunas canciones serían adelantadas en formato acústico en marzo de 2018, durante un concierto a dúo -llamado Inédita– junto a Ezequiel Canosa (productor de Umbela, co-productor del nuevo material, y autor de otro gran disco nacional que dejó 2018).

La primera presentación en vivo de Inspiro ocurrió el 28 de diciembre, en El Galpón de La Escalera. Allí, un total de diez personas (nueve instrumentistas más Zoe, hermana de Lautaro, proveyendo acrobacias y voces en off) vestidas de blanco acompañaron en el escenario a Lautaro para interpretar el álbum en forma íntegra, de principio a fin y en orden – el tipo de conciertos que pocos grupos ofrecen en la era Spotify. Fue magnífico. (Recuerdo a las primeras dos filas volverse locas tras “La Ilusión de Fuego” y “Amo(r)”.) Pronto, el joven neuquino se encontró ocupado con otros proyectos – en particular, Cantar Une: un concierto (con pintura en vivo) en el que cinco mujeres y cinco hombres compartieron sus respectivas composiciones.

Durante su verano más reciente en la costa madrynense, Lautaro brindó más de una docena de conciertos, el último de ellos junto a Descendencia y Les Barbies De Botero, en el marco de un festival solidario el viernes 1 de marzo. Lo que sigue es la transcripción de una entrevista mantenida al día siguiente, en la que el artista se explaya sobre su proceso creativo, sus influencias, y por qué le cuesta escuchar los discos de los ’80 de su adorado Luis Alberto Spinetta.

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La banda saluda al público tras interpretar Inspiro en diciembre de 2018. Desde la izquierda: Ignacio Zalazar, Lourdes González, Sol Latini, Iñaki Nuño, Rodwin Bonstra, Lautaro, Juan Solco, Zoe Ríos, Emiliano Bordenave, Marco Salanoue y Valentín Sayhueque. Fotografía por Grupo de Teatro Independiente La Escalera.

¿Te acordás cuál fue la primera canción que compusiste?

Sí. La primera fue una que se llama… ¿Fue la primera? ¡Si, la primera! “El partido”, se llamaba. Habla de un flaco que jugaba al fútbol, que se enoja porque lo sacan, y porque juega mal, porque la gente lo insulta… Eso.

¿Y nunca la metieron en algún disco de Música Para Ascensor?

¡No!

¿Quedó ahí, en el olvido?

Sí, por suerte sí. (risas) Era un tema muy vago, no pasaba nada. Fue la primera vez que hice una canción. No estoy tan orgulloso de que haya sido la primera, pero…

¿Siempre fuiste autodidacta, o alguna vez tomaste clases con alguien?

Mitad y mitad. Siempre fui autodidacta, y siempre iba un rato –un tiempo, un año– a un profe u otro. Estuve dos años con un profe de guitarra de acá que se llama Leandro Versace, y después estuve un año y pico con una profe de piano que se llama Flavia Muraca. Fui un año al instituto de música, al ISFDA N° 805… Después, aprendí mucho con el Piojo (Ezequiel Canosa), que lo conozco desde que tengo memoria. Desde que llegué acá a Madryn a los 6 años, el Piojo ya estaba haciendo música, era una referencia muy importante – lo es.

¿Te daban tarea tus profes?

Sí, me daban tarea. Me costaba hacerla. De la tarea había dos partes: una era más gimnástica, y otra más creativa o más estimulante. La parte gimnástica la hacía, me costaba mucho; y a la otra parte le daba, y quería más – yo quería tocar temas de Sui Generis, quería tocar temas de León Gieco, de los Beatles, de Charly… Y cuando hacía eso, me encantaba. Y ahí, haciendo eso aprendí acordes; entonces, como ya aprendía acordes, después los usaba y empezaba a combinarlos… Y es lo mismo que hago ahora: el Piojo me invita a tocar un tema, aprendo un acorde, y después digo “uh, ¡mirá este acorde!” y sigo… Para mí, cuando más aprendés, es escuchando música; escuchar música, analizarla… Escuchar con la percepción alerta a ver cómo funcionan las cosas. Escuchar canciones, escuchar muchas canciones ayuda mucho a poder ver todas las formas posibles de abordar que tienen las partes de una canción. Así que sí, siempre es un poco de todo el aprendizaje. Siempre estoy intentando crear y aprender más cosas técnicas de los instrumentos.

Cuando estás escuchando una canción, y de repente escuchás algo que te llama la atención, ¿después te ponés a ver cómo hacer ese acorde o qué métrica es esa? ¿Buscás en Internet tal acorde de tal canción?

A veces sí. Por ahí digo “uh, ¡qué loco ese acorde!”, pasan varias semanas, me pongo a componer, y de repente digo “mirá: acá está lo que escuché el otro día”. Capaz que es el acorde, capaz que es la decisión de todo el silencio que hay y lo que queda; capaz que es la decisión tímbrica, o la decisión rítmica… Es como que se empieza a armar un banco de sonidos y de posibilidades en tu memoria, y después accedo a ese banco. Igual, intento tener un vínculo muy especial con lo que escucho, y no desprenderme de la intuición; entonces, no me sirve tener todo tan claro. No me sirve saber exactamente cómo es todo, porque siento que te limita un montón de cosas. Así son las estructuras: son fuertes y se instalan. Y, si vos tenés una relación más prudente con la estructura, podés llegar a dejar espacio para que aparezca la intuición. Eso es lo que hicieron todas las referencias que tengo, y yo intento apuntar a eso.

Te gusta que haya cierto misterio.

Es que, para mí, el arte es eso: es lo que se ve, y lo oculto. Y lo oculto es clave en el arte, para poder dejar esa posibilidad de ser habitada por quien sea.

¿Lees entrevistas con artistas que te gustan y sacás ideas?

Sí. A veces escuchás que alguien hace algo de una forma, y decís “voy a intentar hacerlo así”, pero eso es medio raro. Es como forzado. Pero escucho muchas entrevistas, como también escucho muchos discos y veo muchos recitales. Y lo que me pasa es que, con el tiempo, yo me engolosino más con las palabras, y me enredo. Después veo una nota con alguien a quien escucho un montón, y dice algo esencialmente parecido o compatible con lo que yo pienso. Entonces siento que no estoy tan errado, que no estoy delirando.

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Portada de Inspiro, por Tomás Gimbernat.

¿Qué estuviste escuchando cuando compusiste Inspiro?

Lo que más estuve escuchando fue Blackstar, el último disco de Bowie; esa fue una de las referencias más importantes. Estuve escuchando mucho Mumford & Sons, el disco Wilder Mind. ¿Qué más? Estuve escuchando mucho Animals de Pink Floyd. Que yo recuerde, eso más que nada. Después, yo siempre escucho a Charly, a Spinetta, a los Beatles; a esos los escucho siempre. Coldplay también. Y algún disco más de Bowie; es como la nueva adquisición que tengo.

En una entrevista, vos decís que de Spinetta te costaba escuchar un poco los discos de los ’80 por el sonido de la batería. ¿Con los discos de Bowie te pasa lo mismo?

Pasa que en esa época estaban todos muy embalados con los efectos. Empezaron a mandarle ganancia a todos los efectos, y todo era una deformidad absoluta. Pero hay formas de usar a los efectos; Charly los usó muy bien en los ’80, en los discos Clics Modernos del ’83 y en Tango del ’84, con Pedro Aznar. Suenan tremendos; suenan como las baterías que se usan hoy, como las que usa Coldplay en Ghost Stories, y estamos hablando de hace 30 años. Pero, de repente escuchás las baterías de Privé de Spinetta, incluso las de Kamikaze, y te das cuenta que las canciones son increíbles, pero los sonidos de la batería no me gustan. Y, lo peor de todo es que me interfiere al acercarme a esos discos; en cambio, escuchás los discos de los ’80 de Charly, y no es lo mismo: está mucho más controlado, es mucho más criterioso… Desde mi mirada, al menos. Y con respecto a los discos de Bowie y sus baterías, aún no he escuchado sus ’80 lo suficiente como para responder la pregunta.

Y de Spinetta, ¿qué te gusta más? ¿De los ’70? ¿De los ’90?

De Spinetta me gusta todo. Una cosa que estuve escuchando mucho el año pasado fue Los Socios Del Desierto, el disco doble que tiene “Cheques”, “Paraíso”, “Luz sin freno”, “Diana”, “Luna de abril” … Y Spinetta en los ’70 me gusta mucho todo: Almendra, Pescado, Invisible… El disco A 18’ del Sol, que es un discazo, porque hace una mezcla entre el jazz y la canción que es bastante especial. A mí lo que más me gusta del disco es la parte de la canción, igual; algunas canciones como “Canción para los días de la vida” o “Toda la vida tiene música”. Y, después, los discos de los ’90 como Pelusón of Milk, y toda le época del final, que se podría decir que se inaugura esa búsqueda estética con Los Ojos, del ’99. Y hay todo un mundo ahí que el tipo exploró, exploró, y exploró, y Un Mañana es la cúspide de todo eso. Ese disco es perfecto. Así que sí: me gusta mucho Spinetta.

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El grupo detrás de Cantar Une, tras la segunda de dos funciones en febrero de 2019. De pie: Matías Rodrigues, Iva Monzón, Lautaro, Luckas Peñalba y Maru Galli. En el piso: Flauta Portales, Bruno Figueroa, Dana Comba, Zoe Ríos, Lucía Rojas, Lara Nicole Buena y Demian Ríos. En una silla: Ezequiel Canosa. Fotografía por Grupo de Teatro Independiente La Escalera.

¿Cómo fue tomando forma Cantar Une?

Cantar Une es una idea que tuve. Lo vivo y lo pienso como mi primera propuesta como productor: creando la idea, la estructura, y todo lo que implica el trabajo de producción. Lo que faltaba era conseguir artistas para llevarlo adelante, y así aunar criterios con respecto a las cosas que ya tenía previamente planteadas, y sobre cómo lo íbamos a abordar para trabajar en conjunto. La idea es romper con lo binario en esto, en el sentido de que siempre hay más hombres que mujeres; y, ya que estamos creando eso: forzar la idea, y someternos a la posibilidad de que esté repartido en partes iguales. Esta primera vez toqué yo, pero la próxima hay más probabilidad de que no toque; no es un elemento constitutivo que yo toque.

¿Cuándo lo empezaste a idear? ¿Cuándo te contactaste con las chicas y los chicos?

Empecé a hablar con la gente en octubre, noviembre del año pasado. Empecé a escribirles “che, tengo una idea y quiero hacerla. ¿Están tal día? ¿Pueden? ¿Les copa?”. Ahí les activé la manija, y no les dije nada hasta enero; simplemente, porque se los quería decir en la cara. Después, en enero, que fue de mucho trabajo para mí, nos pusimos a preparar Canta Une. Nos juntamos como siete u ocho veces. La consigna inicial para cada artista era traer dos canciones propias, y juntarnos a ver cómo podíamos armar esos temas. La idea es: no somos ni una banda, ni somos un compilado de artistas que se juntan a tocar sus temas, que suben y bajan, suben y bajan; sino, que haya un cruce ahí, que haya una mezcla, una fusión. Ver cómo se pueden potenciar los temas con las habilidades que tiene cada persona, y de acuerdo al tipo de tema de quien va a cantar. Éramos diez, entonces fueron veinte canciones, y pudimos trabajarlo de una forma increíble, todo bien horizontal; el liderazgo se iba pasando de acuerdo a quien había creado cada canción, que tenía la última palabra para decir “esto sí, esto no”. De repente hubo gente, como yo, que en muchos temas no tocaba; pero era eso: compartir, poder ver que es posible juntarnos. Una de las cosas que más me enorgullecen de Cantar Une, más allá de que salió muy bien y que fueron dos funciones por las que pasaron casi cien personas, fue que nos pudimos juntar diez personas a hacer música; nos juntamos siete, ocho veces a ensayar, a hacer música, ¡por eso mismo! No había ningún escape en el medio, no había ninguna otra razón más que la música; y eso, para mí, fue muy valioso.

¿Ya hay planes para hacerlo el verano que viene?

Tengo ganas de hacerlo de nuevo; tal vez en verano, tal vez en invierno. Tengo ganas de poder proponer otro grupo de trabajo, otra gente. Y, como te digo, es muy probable que yo no toque, no esté. Me interesa esto de la despersonalización; la idea es poder generar distintos grupos. Por más de que yo esté en la producción, no es importante que yo esté en el escenario. Es importante todo lo otro: la cuestión del género, del espacio, de las creaciones propias. Esas son las cuestiones importantes. Ya de entrada es probable que en la próxima no seamos diez, porque es mucho. Pero, capaz si se reduce a seis, o se reduce a ocho, se puede pensar; a lo mejor alguien repite. Se irá viendo.

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Lautaro dando inicio a la primera de dos presentaciones de Inspiro en febrero de 2019. Fotografía por Grupo de Teatro Independiente La Escalera.

¿A veces te proponés desafíos creativos? ¿“Voy a componer una zamba”? ¿“Mi próximo show voy a hacerlo a dúo con violín”?

No. Y no voy a decir más nada. (risas) Es otro proceso. Primero, algo empieza a partir de un ritmo, una melodía, un balbuceo… Esa canción empieza a tomar forma, y cuando ya funciona, ahí veo qué instrumentos uso. “¿Para dónde la lleva el ritmo? ¿Va a tener batería o no?”. Ahora, con el disco nuevo que estoy componiendo desde hace un año, me propuse los instrumentos que va a tener el disco; me propuse el tipo de canciones… Incluso, la duración aproximada que van a tener los temas. Pero me lo propuse porque al principio salieron cuatro o cinco temas así, entonces dije “¿esto es lo que estoy haciendo? Con esto laburo”. Ahora, si un tema sale suelto, siempre es por la canción, por lo que necesita la canción. Por ejemplo: yo me compró ahora un pedal de delay, y lo voy a usar si lo necesito; no es que voy a enchufarlo y van todos los temas con delay. Intento hacer las cosas para la canción, y no que la canción sea lo que yo quiero porque sí. No las fuerzo ni les impongo cosas porque me compré algo nuevo; ya la canción es como es, y la respeto cuando puedo sentir que es algo que tiene su identidad.

¿Cómo elegís el repertorio para cada show? ¿Te fijás en dónde vas a tocar, el horario, el tipo de público, cuánto tiempo tenés, el formato?

Te contestaste solo. (risas)

Pero, por ejemplo: ¿por qué ayer no tocaste ninguna canción de Umbela o ninguna canción de Inspiro?

Muy pocas veces digo “voy a tocar una de Umbela, voy a tocar una de Inspiro”. Cuando armo las listas, las canciones son todo lo mismo: tengo temas de la época de Música Para Ascensor, de la época de Éxodo Mental, de la época de Umbela, y de la época de Inspiro. Todo eso abarca ocho, nueve años. El año que viene se cumplirían diez años de la primera vez que yo empecé a tocar en vivo, y tengo hechas más de 150 canciones en total; de las cuales, que esté tocando o que vaya eligiendo ahora, son aproximadamente 90 tal vez. Hay muchas que pueden ser y, de esas, hay muchas que no son nunca, casi. Por ejemplo: ayer abrí con un tema que no toco nunca, que es el último tema del primer disco de Música Para Ascensor. Se llama “Sueños Largos”, y empecé con ese tema porque me pareció que es un buen tema para arrancar; también me gustó la idea de estar a las 3:30 en Kahlo y empezar con ese tema, que no tenía nada que ver con la situación. A veces me gusta hacer al revés, y hago todo lo que no tendría que hacer. Me gusta hacer eso porque me gusta quebrar, poner en jaque, digo “a ver qué me pasa con esto”. Me la juego y hago eso. Incluso, “Moda” no estaba en la lista; pidieron que hagamos otro tema, se decidió que sea “Moda”, y funcionó muy bien. ¡Y no estaba en la lista el tema! Por ejemplo, con Inspiro, dije “voy a presentar el disco, y solamente el disco”; e hicimos Inspiro de principio a fin. En la presentación de Umbela hicimos el disco, pero no lo hicimos en orden, e hicimos otros temas también. Es muy relativo; pienso en todo lo que dijiste al principio, pienso si estoy solo, si estoy con banda… Me gusta matizar, me gusta generar tensión y afloje en las listas. Lo importante es cuando me encuentro una justificación que no sé cómo explicarla; ahí es cuando yo digo “¡acá está la lista!”. Y lo más piola es que casi siempre quedo satisfecho con las listas que elijo.

Igual, hay una o dos canciones que te gusta tocar seguido. ¿“Grito Libre”?

Sí, pero no la toco siempre. De hecho, estoy en un trabajo de no tocarla siempre. No quiero que se transforme en ese tema que siempre hay que tocar; termina transformándose en un anti-hit horroroso. Al tema yo lo quiero mucho, todavía le creo, me vibra y lo canto porque quiero; pero no quiero que termine pasando que siempre tenga que tocarlo. Entonces, en la presentación de Umbela, no lo toqué a ese tema, pero toqué otros temas que tampoco eran de Umbela. Toqué “Finitud”, hicimos un tema del Piojo…

¿Cómo se llama esa canción en la cual hacés esto?

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Esa se llama “Logia Lunar”. La partitura hace referencia al riff del estribillo de este tema, que dio origen al proyecto solista del mismo nombre – proyecto que habilita un laburo grupal con musicxs que rotan permanentemente. Logia Lunar reúne canciones de épocas distintas y otras nuevas exclusivas, siempre haciendo eje en el “funk-canción”, por llamarlo de algún modo. Actualmente, el proyecto funciona en Tandil y, eventualmente, en Madryn.

En el solo de Iñaki (Nuño, saxofonista de Barbie Factory) en “Amo(r)” (quinta canción de Inspiro), ¿él está improvisando? ¿O vos le dijiste “quiero que hagas así”?

Es un punto medio. Ahí, los saxos los había hecho con un teclado, con un sinte, como una referencia. Entonces ahí yo me empiezo a ir en la maqueta. Se la muestro, y después estuvimos aproximadamente una hora y media con el Piojo, que es el co-productor del disco, y con Iñaki grabando; y los tres hablando de cómo hacer ese apriete que hace el instrumento, y dónde. Entonces le decíamos a Iñaki “dale, metele” … Fue como una mezcla entre improvisación de Iñaki, y una coordinación que hicimos con el Piojo. Pero todo lo que suena lo inventó Iñaki, lo armó él. Incluso, sin querer, armó una melodía que es increíble, al final de ese tema. Y, para mí, es la melodía del pato gigante. (risas) Yo me imagino un pato gigante que camina por una calle. ¡Es un pato, boludo! (risas) Y eso fue producto de la improvisación de él. Nos dimos cuenta que él, en ese momento, empezó a hacer una melodía sin querer. Y es fantástico, y así quedó. Digamos que el laburo del saxo y el laburo de la percusión, que hicimos con Juan Solco (percusionista y director de La Grannada) con instrumentos no convencionales –latas, mangueras, chapas– fue lo que estuvo más librado a cierta improvisación. Todo lo demás estaba ya bastante más premeditado, pero la percusión, ese momento del saxo y alguna cosita más fue la cuota de flexibilidad en la música. Estuvo bueno para que no quede todo tan pensado, tan duro.

¿Cómo es la escena en Tandil? ¿Hay mucha música allá?

Es una ciudad bastante parecida a Madryn en dimensión; un poco más grande, creo. Pero sí: hay muchas bandas. Hay mucha movida de teatro y de cine; hay varias salas. No hay muchos lugares para tocar; hay, pero no tantos. Pero está interesante. La ciudad es muy linda, y hay mucha gente haciendo cosas.

¿Alguna vez pensaste en ir a Capital e instalarte?

A mí no me gusta mucho la idea de vivir en Capital hoy. Y mañana tampoco. (risas) Por ahora no. Pero sí sé que ahí hay muchas cosas que se dan a la vez en ese mismo lugar. Ya vendrá ese tiempo; por ahora, la idea es abrir un poco el panorama en ese sentido: poder conocer más gente, poder tener más contactos, circuitos, y empezar a tocar más. También, estoy en un proceso de aprendizaje, de estudio, y cierta energía puesta en eso. Pero, este año voy a empezar a abrir un poco el panorama, para poder empezar a proyectar alguna constante.


Podés encontrar a Lautaro Ríos en Facebook e Instagram, y escuchar/comprar su música en YouTube y Bandcamp.

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