“MUY MUY PESADO, PERO ACCESIBLE”

En Argentina, durante los primeros años 2K se podía conseguir (con algunos meses de atraso) la edición española de la revista Rock Sound. La misma era una excelente alternativa a otras publicaciones sobre música, y cada ejemplar incluía como regalo un sampler de más de una docena de bandas entrevistadas/reseñadas en la revista, de lo más diversas – norteamericanas y españolas, underground y de multinacionales, post-hardcore y electro-pop… Así, y como por arte de magia, uno podía descubrir a gente como Isis, Enon, Asesino, Elliott, Snapcase, The Blood Brothers y The Dillinger Escape Plan. La primera vez que escuché a Deftones y AFI fue gracias a esos samplers.

En particular me enamoré de AFI. Me tocó conocerlos cuando aún estaban en Nitro (un pequeño sello creado por Dexter y Greg de The Offspring), pero mi amor por ellos fue a segunda vista a fines de 2003, en la época de Sing The Sorrow – su sexto disco, y el primero en una multinacional (DreamWorks). Los años de trabajo incesante estarían dando sus frutos, porque en los controles la banda se dio el lujo de tener a Butch Vig (el mismo de Garbage y Nevermind) y Jerry Finn (que también produjo a Rancid, Blink-182 y Morrissey, entre muchos otros). Jerry además mezcló el disco.

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El mundo de AFI se volvió mucho más grande en 2003. Empezaron a aparecer en MTV y recibir premios. Ofrecieron más conciertos durante ese año que durante cualquier otro (anterior o posterior). En 2004 participaron en un show tributo a The Cure… mientras The Cure los miraban. En 2006 su siguiente disco debutó en el #1 de Billboard.

Sin embargo, todo eso resulta de lo más insignificante cuando uno escucha Sing The Sorrow. Tiene un sonido muy potente, una mezcla muy balanceada entre los cuatro miembros, muchos ganchos, y –por primera vez en la carrera del grupo– mucha experimentación en la instrumentación y los aspectos estilísticos (al menos para una banda de punk-rock): se escuchan pianos, coros y un cello, y hay poesía leída y música electrónica.

Algunos discos tienen la rara cualidad de resultar tanto experimentales para los creadores como adictivos para los oyentes. De tanto escucharlos, uno les termina encontrando formas y colores – como una especie de paisaje o historia. Cada canción/pieza tiene uno o varios elementos característicos anticipados de memoria, y –si tenemos la suerte de compartir la adicción con amigos– con frecuencia surge la entretenida discusión de cuál es la mejor canción y por qué. En una palabra: son discos “compactos”. Para mí Sing The Sorrow es uno así, al igual que Canción Animal de Soda Stereo, Meddle de Pink Floyd e Ido y Lúcido, el nuevo (y segundo) bebé que pare la tucumana Senegal Grindcore Mafia, y que hace un mes retiró del hospital para dar a conocer.

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Foto por Alina Bardavid.

Ya está claro que, durante lo que va del siglo XXI, la industria musical ha cambiado enormemente. Los últimos tres discos de AFI aún no han aparecido en CD en nuestro país, y la edición española de Rock Sound no existe más – ahora se llama Rock Zone, y desde hace tiempo es una publicación gratuita y exclusivamente digital. Editando –tanto en formato digital como físico– su nuevo disco, los chicos de la Senegal demostraron que es cierto que no se requiere de un sello (grande o chico) para lograr un producto profesional y de calidad – ni siquiera aquí en Argentina. Con varias plataformas de streaming al alcance de la mano, tampoco parece que a las reseñas se las necesite en 2017 y que les quede mucho tiempo de vida. Pero, como no todos los días uno recibe palabras alentadoras de parte de gente a la que admira, decidí ignorar esto y compartir algunas de las razones por las que, para mí (y seguramente para muchas otras personas), Ido y Lúcido es especial.

Aquí va:

  1. Ido y Lúcido fue el fruto de una campaña de financiamiento colectivo ridícula en el sentido que los ingleses le dan a la palabra, por ejemplo, para referirse al partido entre Alemania y Brasil en la última Copa Mundial de Fútbol (el del 7 a 1) – es decir, para referirse a algo grato que supera la ficción. Una vez grabadas las canciones, el proyecto (‘Producí IDO y LÚCIDO, el segundo disco de la Senegal!’) fue dado de alta en Panal de Ideas el 18 de Julio. De esto no habían pasado dos días cuando la banda reunió el 50% de los $60.000 necesarios. A principios de Septiembre, al vencer el plazo para la recaudación, 100 y pico activistas habíamos colaborado dejando un monto excedente en más de 1/4 del objetivo. Fue un aún mejor resultado, tanto en cantidad de activistas como en dinero recaudado y porcentaje excedente (aun ajustando a la inflación), que el que obtuvieron Raúl (voz y guitarra) y Pablo (bajo) en una campaña similar en 2014. Si los chicos tenían dudas sobre esta modalidad de trabajo ante climas económicos adversos, evidentemente las despejaron y –tal cual ellos dicen– hoy ya saben qué camino seguir en el futuro.20229114_10158968374760696_5062196739208510433_n
  2. Con la Senegal no somos cercanos en geografía – ellos viven en el Noroeste Argentino, y yo estoy en la Patagonia, a dos cuadras del mar. No sé qué edad tienen los chicos de la banda (yo, 27), así que tampoco puedo decir que tengamos una cercanía cronológica. En cualquier caso, sí me siento cercano a ellos emocionalmente. Algunas secciones de Ido y Lúcido (y también de Hay Daño En Casa, el primer disco de la banda) me producen las mismas ganas de correr y saltar que los The Mars Volta de 2008. Otras, como el final de “Un Cinto y Un Placard”, me tranquilizan y me llevan a reflexionar sobre lo mal que va mi vida romántica tal cual lo hacen Cocteau Twins y The Gathering. También en el disco hay momentos para la risa (al principio de “3DxH” y de “Doble Yema”, y en el arte gráfico) y para rápidos rompecabezas rítmicos como los de “Está Estallada”, que plagan las obras de Dream Theater y de músicas extranjeras que adoro como la griega y la india. Desconozco si las anteriores mencionadas son influencias para la Senegal, pero evidentemente lo que disfrutamos y buscamos al escuchar –y hacer– música es más o menos parecido. Ido y Lúcido conjuga todo eso en 40 minutos (y 13 segundos).
  3. Para su nuevo disco, la banda no optó por el camino fácil de repetir las mismas fórmulas (que hicieron que su debut sea tan genial), y por eso podemos oír varias novedades a lo largo de Ido y Lúcido. Por empezar, algunas de las canciones son más cortas, rápidas y ‘al grano’, algo que se podía adivinar tras escuchar el cover de “On My Way To The Cage” –hit de 1997 de la Rollins Band– que la Senegal difundió a principios de Agosto. Además, ciertos gritos de Raúl son más agudos que de costumbre, y ahora también Gaspar (guitarra) nos canta, en “Doble Yema” (de cuya letra es autor). La banda también sorprende sumando colores a su –ya de por sí amplia– paleta estilística: un poco de blues en “3DxH”, un poco de salsa en “Está Estallada” y un poco de jazz “Un Cinto y Un Placard”. Otras primicias en Ido y Lúcido son la inclusión de grabaciones de campo (una de las cuales abre el disco y parece provenir de alguna manifestación sindical*), y la aparición de la primera composición (semi)acústica en el catálogo de la Senegal, que por alguna razón se les ocurrió titular “Los sobrevivientes de Armstrong” (¿Armstrong, Santa Fe?). La misma es también la primera pieza totalmente instrumental de la banda, y cierra un disco plagado de estrenos por donde se lo escuche – o mire: el arte gráfico del CD –obra de los músicos y de Marcos Martín– contiene fotos, las letras de las canciones y chistes, todas cosas que se hacían desear en Hay Daño En Casa.

    * Al final proviene de acá.

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  4. Que lo noten quienes tengan que notarlo”. Ido y Lúcido tiene varios tesoros enterrados. En “Está Estallada” hay una sección tribal en 6/4, que las guitarras y el bajo se toman la molestia de simplificar separando en un compás de 11/16 y otro de 13/16 (porque son así – les gusta que nos resulte fácil seguirlos). Ahí, Germán (batería) es como un pulpo en los parches – se encarga de acentuar las negras ¡y las divisiones! mientras decora algunos huecos que le quedan libres. Sus compañeros tocan solo dos notas distintas durante esos 26 segundos así que, intencionalmente o no, Germán se roba la sección, que en mi opinión constituye su mejor momento del disco. Por suerte hay otro muy bueno ahí nomás, al principio de “Un Cinto y Un Placard” – parece que Germán cuenta hasta 5 y que se vienen varios compases cambiantes… cuando en realidad la métrica es 4/4 constantemente, y son Raúl, Pablo y Gaspar los que se van corriendo de lugar. ¡Es simple y aun así desorienta! La frutilla del postre es que estamos escuchando un reprise de uno de los riffs de “Está Estallada”. Las tonalidades difieren, así que el carácter de la melodía también – en su nuevo rol se torna mucho más emotiva y el momento culminante (por lejos el más precioso y mi favorito de todo el disco) es cuando el rato de calma se acaba y Pablo, hasta entonces sumergido, sale con distorsión a la superficie para retomar la frase, que dice así:Nueva imagen de mapa de bits
  5. Más allá del talento compositivo e interpretativo de los chicos (que en esta oportunidad registraron todo durante apenas dos días, tocando en vivo en el estudio), a Ido y Lúcido le juega a favor su calidad sonora. Otros fans ya lo han señalado: la mezcla es muy nítida y cada instrumento se puede distinguir claramente, lo cual se agradece muchísimo al escuchar el bajo de Pablo. De la mezcla y mastering fueron responsables Jack Shirley en California y Doug Henderson en Berlín, respectivamente. La etapa de grabación también ocurrió fuera de Tucumán; a mí manera de ver, éstas son algunas de varias manifestaciones de la banda queriendo “exteriorizarse” – otras quizás sean la creación de ‘El Círculo de la Senegal’ y la propuesta a los fans de colaborar en la gestación del disco. En el booklet del CD se pueden leer “Confrontar lo familiar”, “Romper el gueto”, “Está todo ahí, esperando”, “Sé un par”, “Yo me creo” y muchas otras máximas que simbolizan el ímpetu con el que la Senegal encaró este 2017, aún ante la posibilidad de fallar grosso. Por supuesto no solo no fallaron si no que quedaron muy bien parados, pero si la próxima vuelven a tener dudas, ya tienen en este disco algunos mantras, como el que nos canta Gaspar: “Sin miedo no hay progreso”. O el de Raúl: “Pongamo’ huevo’”. ∎ 𝑞.𝑒.𝑑.

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Podés escuchar/comprar/descargar la versión digital de Ido y Lúcido acá.

Seba Pratesi

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